¿Hay paja? Por Paco Poleos. ¡ESCÚCHALO AQUÍ!
Iban veinte segadores en tiempo de verano, cansados después de una jornada larga bajo el sol. Habían segado desde el amanecer y buscaban un lugar donde pasar la noche, aunque fuera sobre un montón de paja. Lo importante era dormir.Al caer la tarde encontraron un pajar apartado. La puerta estaba cerrada, pero en lo alto había un ventanuco medio abierto.
Dijeron entonces a uno de ellos:
—Tú, que eres el más ligero, súbete y asómate a ver si hay paja. Si hay, dormimos aquí.
El segador trepó como pudo, se deslizó por el ventanuco… y cayó de golpe al suelo. Dentro no había nada. Ni paja ni hierba. Solo el suelo duro del pajar vacío.
El golpe fue fuerte, y desde dentro empezó a quejarse:
—¡Ay… ay… ay…!
Los compañeros, desde fuera, al oír los lamentos, preguntaban:
—¿Hay paja?
Y el de dentro, dolorido, solo acertaba a decir:
—¡Ay… ay… ay…!
Los de fuera, pensando que respondía afirmativamente, dijeron:
—¡Pues bajamos!
Y bajó otro. Y otro trompazo.
—¡Ay… ay… ay…!
—¿Hay paja?
—¡Ay… ay… ay…!
Y así fueron bajando uno tras otro, convencidos de que el anterior confirmaba que el pajar estaba lleno. Cada nuevo golpe añadía más quejidos, y cada quejido reforzaba el error de los demás.
Hasta que, uno tras otro, los veinte segadores acabaron dentro, doloridos, quejándose en la oscuridad del pajar vacío.
Solo entonces comprendieron que ninguno había preguntado bien, ni ninguno había escuchado de verdad.












